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7/4/09

sabiduría

Los primerizos nunca dejan de llamarme la atención. Y claro, una ahora los ve muy con ánimo de superada, de "te falta aprender, viste?"
Recuerdo que cuando estaba embarazada del primogénito me llenaban de consejos. Los que eran puro choro y los que podían tener algo de utilidad.

Por supuesto primerizos al fin, nos metimos de cabeza al primer curso preparto que encontramos. Uno bastante bueno con una instructora madre de 8 herederos de la sabia doctrina del parto natural.
O sea, la tipa se hecho ocho!!! partos sin ninguna droga. Eso sí que es valor.

Y claro, como nuevos convertidos, adoptamos dogmas al respecto. Nada de talco! tas loco vos? còmo le vas a poner talco!???!! Usa fécula de maiz.

Cesaria mala! Mala, de malísisisimamente mala! A menos claro, que se necesite. Asi que nada de andar agendando el nacimiento de tu vástago entre las juntas de las 10 de la mañaan y la de las 4 de la tarde. Porque uno va a parir, a dar a luz, no ha un trámite quirurgico!!!

Lactancia a libre demanda. Porque el sweet baby necesita crecer y pues ni modo a pelar teta cuando lo demande... el tema es que una, inocente en estos menesteres, piensa que la demanda sera racional, digamos lógica. Y se olvida que el demandante apenas esta empezando en un mundo racionalizado al extremo y todavía no entiende que de vez en cuando una desearia poder ir al baño más de 10 segundos o mantener la teta resguardada de la vista morbosa de algunos otros que pasan caminando. Que una sera madre abnegada pero no por eso quiere estar cual actriz porno mostrándolas todo el tiempo!

El parto no duele. El dolor se puede controlar. Las drogas no son necesarias si aprendemos a controlar nuestro cuerpo.

Todos estos dogmas yo los invoque cual mantra. Lo juro. Salvo el ùltimo. El que diga que no duele que tire la primera piedra!!! Admito, no use drogas durante doce horas de trabajo de parto, hasta que me dijeron que ibamos a cesaria de urgencia... y lo que recuerdo con más nitidez fue el alivio que sentí cuando el maravilloso anestesiologo al fin me libro de la siguiente contracción. Adoré a ese hombre con inyección en mano!

Y toda la sabiduría que te dan otras madres que ya la tiene clara.... esa era información empírica sin base científica.
Hasta que cuando le salieron los dientitos al primogénito la gran solución fue darle una ramita de apio fria para que mordiera y santo remedio
O hasta que lo puse en la hamaca para poder mecerlo mientras hacía otra cosa y santo remedio!

Qué consejos les dieron que resulto 100% efectivo?

13/11/08

40 días y 40 noches.

Nada puede ser más desesperante que la espera. Y no hablo de los 9 meses. Aunque siendo sincera para el noveno mes ya estaba diciéndole al inquilino que cuando quisiera salir estaba todo listo, la ropa, la cuna, los pañales y los progenitores ansiosos por verle la cara. Todos listos.

Llega el momento, nace el heredero y comienza la histeria. Y ellos, los otros, comienzan a dar vueltas como leones enjaulados. La cuenta regresiva se marca en el calendario esperando que los 40 días pasen en un abrir y cerrar de ojos, en lo que tarda en caer la hoja del árbol al suelo, en un suspiro. Y lidían con su amor desbordado por ese pequeñin que al fin les dió el gusto de apreciar las tetas del tamaño que siempre quisieron tuvieran sus mujeres.
Pero no, los pobres ahí andan. Aguantando vara. Viendo como nos absorben todo el tiempo y los pensamientos el nuevo integrante de la familia. Sintiendo que las horas duran más de lo debido.

Cuando al fin pasa el mes y medio, ansiosos, enomorados cual urgidos adolescentes, avanzan en plan seductor para encontrarse con una madre primeriza que además de histérica esta cansada, con sueño y por lo general con inseguridades.

Porque el sweet baby puede escuchar o despertarse en cualquier momento y ni modo que su llanto nos lleve al coitus interruptus. Porque los puntos de la episiotomía o los de la cesaría puede que no estén del todo curados a pesar de que el galeno diga que todo esta en orden. Porque las estrías nos acomplejan, la leche se sale con el orgasmo, porque los kilos de más aún no se fueron, porque nuestro cuerpo ya no es nuestro es del baby!!! por favor que somos vacas lecheras de alta productividad che!!! y porque en definitiva llevamos algo más de 9 meses sin tener cintura!


Y entonces ahí les ves las caritas, no a los babys, si no a los otros, contrariados, ¿deseperados?, con las ganas que se le salen por todas partes. Porque se deshacen de ganas de sentir y hacernos sentir. De corporizar el sentimiento de felicidad y porque las hormonas nunca tuvieron fama de saber esperar.

El punto es que luego no sólo los otros son los que andan más calientes que el sol. Nosotras también andamos con la hormona alborotada. No lo neguemos. Ta bien que andamos como mensas absortas en el baby pero bueno. Una cosa es una cosa y otra cosas es otra cosa, o no?

Hasta que al fin llega el día en que los planetas se alinean, la luna esta llena, el sweet baby justo se duerme temprano. Entonces el romanticismo surge, dependiendo el termostato interior, obvio. La acción queda en la cama... pero debajo de la almohada, esperando por noches que nos encuentren con menos sueño y cansancio a los dos.

O no les paso así?

15/10/08

Yo era una vaca lecheeeeraaaa, no era una vaca cualquiera...

Daba leche todo el día, hay que vaca tan más linda! Tolón tolón... tolón tolón!!!

La verdad es que nunca me caractericé por ser dueña de una esbelta figura, siempre fui curvilínea, más bien era más curva que línea. Y para la época de producción masiva de elixir, pufff era una cosa impresionante.

Yo me acuerdo que cuando iba al curso psicoprofiláctico (acá le dicen así, pero es el curso pre parto) me decían que la primera leche, el calostro, era una cuestión de fe. Y la verdad me asusté porque yo así que digamos mucha fe no tengo, ergo estaba frita! Resulto que no, que el calostro existe aún sin fe alguna; un total alivio para mi.

No me olvido más cuando la pediatra apenas nació el primogénito dijo: este niño viene con hambre (se estaba chupando tres deditos!!!) y zas! lo puso directo en la teta para que comiera, mientras yo seguía crucificada en la camilla del quirófano esperando que el ginecólogo terminara de remendarme. Con el chino loco paso lo mismo.

Digamos que la facilidad con que mis sweet babys se prendieron al elixir compensó lo frustrada que me sentí cuando acabe en cesarias de urgencia después de tres horas de pujo a la viva México! (o sea sin anestesia alguna) que no sirvieron pa nada. Porque es así, después de tanta preparación y convencimiento en pro de un parto natural y humanizado te frustras cuando te salen con que se acabó lo que se daba y a cesaria m´hijita!

Y sinceramente es que la lactancia materna es una maravilla. Es gratis, práctica, portátil, siempre esta calentita y no tenés que esterilizar ningún biberón. Además ese periodo me dejó los recuerdos más tiernos, reconfortantes y grandiosos. Y si mother nature no te dotó de glándulas grandes pues tenés asegurado un aumento de talla bastante significativo durante este periodo. También dejó recuerdos al estilo "tierra tragame"! porque mientras son los primeros días esta todo bien. Por lo general estas en el hospital, lidiando con que el sweet baby succiones como se debe para evitar futuras grietas en los pezones, etc etc. Pero cuando baja la leche, je! eso si que esta cañón!

A mi me pasó estando en casa. Mi madre estaba bañando a su primer nieto muy nerviosamente. El primogénito empezó a llorar y mi cerebro cocodrilezco desató una cantidad incontenible de leche. Resultado: estaba empapada! El baby llorando desgarradoramente (bueno, sólo llorando en realidad pero recuerden que era primeriza y además estaba muy susceptible), mi madre más nerviosa que nunca. Tanto reclamo y hormonas alboratadas hicieron que acabara llorando como mensa. JA ja!

Después de ese incidente me volví compradora compulsiva de protectores mamarios. Nunca más volví a empaparme de esa manera, pero no faltaron las veces que le dió hambre al primogénito en algún lugar público y pues, lógicamente, sacaba el siempre listo elixir. Y zas! que la leche brotaba cual fuente de Trevi. Te querés matar cuando eso pasa. El baby se sobresalta ante el chorro lácteo que le cae en los ojitos y una no sabe qué hacer primero, si calmar al heredero o procurar que la fuga cese de inmediato.

A mucha honra puedo decir que mi producción láctea era ISO 9000. El freezer/congelador se había convertido, en un par de días, en una cava de mamaderas/biberones / mamilas de 8 onzas (210ml) que lo ocupaban todo. Yo me “ordeñaba” con mi saca leche manual y tuve la suerte de no sufrir por escasez. Además eso de tener mi propia cava me dio la oportunidad de dejar al progenitor a cargo del sweet baby y yo salir a dar unas vueltas cuando el encierro y la demanda continúa se tornaban agobiantes.

Lo que nunca pude entender es a esas madres que cada vez que alimentaban a sus sweet babys se ponían cuatrocientos mil telas encima cual burka. Cómo hacían pa lidiar con tanto cosa sigue siendo un misterio para mi. Yo como siempre andaba con remeras/playeras perfeccioné la técnica. Con una sola mano desabrochaba el sostén maternal por debajo de la remera, levantaba lo suficiente para que el primogénito comiera a gusto y listo! No tenía que ir cargando ese pedazo de tela con mosquitero a modo de respirador que muchas se ponen en el hombre cubriendo por completo al pequeño comensal.

Fuí la orgullosa vaca lechera de mis vástagos durante un año entero. Pase con valentía el periodo en que aparecieron los temibles dientecitos, y saqué una fuerza inquebrantable cuando tuve que empezar a negarles el elixir porque ya estaban grandecitos pa seguir prendidos a la teta. Eso si, cada vez que veo a una mamá dándole pecho a su baby me entra una ternura maravillosa que hasta ganas de tener otro. Por suerte me dura unos minutos y vuelvo a la normalidad.

23/9/08

Cuando la histeria se viste de mujer

Cuando sos mamá de uno, dos, tres o el número que sea de seres masculinos implica un nivel importante de histeria maternal... pero cuando hablamos de herederas, el nivel de histeria aumenta al grado de hacer salir el mercurio del termómetro.

Porque para una, que nació con la femeneidad puesta es fácil ser hija mujer pero hay que ponerse en la piel de las madres histéricas que padecen niñas. Porque entre niños y niñas hay diferencias, además de las físicas conocidas claro está.

La madre histérica masculina se crispa los nervios porque el señorito le apunta al cambiar el pañal, porque el sweet baby cree que puede transformar su casa en el lejano oeste, porque admira a los bomberos y anda trepando a cualquier árbol para salvar gatitos imaginarios... pero las madres histéricas femeninas lidian con cuestiones más delicadas y profundas, esas que calan en lo más hondo desde los primeros días de la hermosa infancia.

Como para mi esas experiencias son como un universo desconocido, transcribo aquí hermosos pasajes de la vida cotidiana de una amiga, compañera de histeria maternal... la suya fémina:


Episodio 1


Viernes, alrededor de las 17hs, llegando a una esquina para cruzar la calle, salida del jardín de infantes, previa pasada por el kiosco y esperando que el colectivo (que venía a media cuadra de distancia aún) terminase de pasar por delante de sus narices. La niña de 4 añitos suelta muy fresca:

-"Mami, Tommy (sí, ese compañerito por el que suspira y comienza a transitar ese largo y complejo recorrido de frustraciones y alegrías, de lágrimas y sonrisas llamado amor)... decía: "Mami, Tommy no quiere venir a dormir a casa". AAAAAAAAAAHHHHHHHHHH, 4 años... cerebro de madre: respondé, respondé a eso, rápido... la otra mitad del cerebro: tirate abajo del colectivo, vamos estás a tiempo.

Respuesta de madre: "No, a tu edad los nenes no quieren ir a dormir a casa de las nenas, pero cuando son más grandes sí, no te preocupes".... no sea cosa que ese infeliz de "Tommy" frustre a al criaturita de pequeñita.


Episodio 2


Jueves, noche, televisión prendida en un canal infantil de esos que pasan 25 horas diarias de dibujitos, con propagandas de artículos de consumo infantil (sí jueguetes) y otro tanto de productos para ese target que el marketing define algo así como "madre que empieza a ver en su cuerpo los efectos del paso de los años". Obviamente, frente a una propaganda que clasifica en las del último tipo la criaturita (de 4 años recordemos el detalle) comenta:

-"Mami, ¿vos te vas a comprar esa crema para no arrugarte?... (imaginense la cara de la madre y una respuesta gruñido initeligible)... ¿Y me vas a prestar la crema mami? porque mirá yo ya me estoy empezando a arrugar (estirandose la piel del rostro cual si debiera hacerse un estiramiento urgente).


Episodio 3


Domingo, nochecita, hora del baño del sweet ¿sweet? baby. La pequeña demonia, tal sería la definición de Homero Simpson, hablando de su futura hermana (que por cierto no está ni siquiera por asomo en los planes de sus histéricos progenitores, pero que debido al nacimiento de un primito se ha convertido en un reclamo que si lo vieran los sindicalistas se darían cuenta que el 17 de octubre del 45 fue un poroto a comparación): "... pero mami, yo te veo cada día más gorda, eso quiere decir que está por nacer mi hermanita".

Madre: "NO NENA, eso quiere decir que mami está comiendo mucho"...

Definitivamente, debería haber escapado cuando aun estaba a tiempo. ¿no?

20/9/08

PRI!

Cuando una se estrena en esto de la maternidad se llena de anécdotas con el correr de los días. 365 días de novedades que contarle al amigo que te mira resignado mientras escucha las nuevas aventuras del sobrino postizo.

Cosas como la primera vez que te meo el baby cuando le estabas cambiando el pañal o cuando todo emocionado lo sostenías frente tuyo y zas! regurgita sobre tu ropa, o la cucharada de comida que te cae en la cara cuando empieza a "comer" solito.

Todo es nuevo. Tus reacciones también.

Yo recuerdo que llevaba ventaja en cuanto a reacciones desmedidas con el primogénito. Es que le dio por sentarse antes que a sus compañeritos de estimulación temprana. Lo mismo con la gateada y la caminada.

Entonces claro, me tildaban de exagerada. Y yo les ponía cara de vas a ver cuando el tuyo se rompa la jeta por primera vez! Pero, como buena madre primeriza, no era sobreprotectora ni exagerada, sólo era precavida. Por eso cargaba con mi tubito de árnica eficaz contra golpes y raspones. Mi cremita protectora solar hidratante factor 70, termómetro, tempra, algodón, botella con agua, 5 mudas de ropa,10 pañales, sombrerito para el sol, sombrerito para el frío, juguetitos varios, 3 mantintas, mordederas y mamadera de 210 ml con leche por si el lugar no daba para pelar teta elixir cómodamente.

Me acuerdo que sí se tropezaba y caía hacía el mayor de mis esfuerzos para no ir por él y levantarlo toda angustiada ante la posibilidad de que se rompiera un hueso o se clavara en el ojo la rama del árbol que estaba a 10 metros de distancia. Todo por darle seguridad y enseñarle que un raspón no es el fin del mundo, a pesar de yo lo sintiera así.

Por suerte a medida que van creciendo una se va alivianando. Los enanos van logrando mejor motricidad y ya no te la pasas tan al pendiente de lo que hacen.

Cuando nace el segundo ya somos una chingonas! Esquivamos meadas en medio del cambio de pañal, cargamos menos cosas cuando salimos y hasta que no veamos sangre no nos alteramos por una caída o similar. En consecuencia los hermanos del primogénito siempre son más seguros, más independientes. Son criados por una madre que ya no anda con el jesús en la boca.

Por eso lo ideal es tener al segundo antes que al primero. :P

3/9/08

Negación primera

He conversado con varias mujeres embarazadas estos días. No sé por qué razón me rondan estas féminas de abultados vientres y tetas que están a punto de explotar de tanto elixir contenido.

Con ellas he platicado a calzón quitado de su próxima maternidad al 100%. Y es que si bien desde el momento en que los sweet baby empiezan a crecer dentro nuestro, somos ya incorporadas a la clase materna, aún podemos seguir con nuestras autónomas vidas sin mayores problemas. Vamos y venimos, subimos y bajamos (bueh...en realidad esto no es taan así . Vamos y venimos mucho mucho más lento de lo que lo hacíamos previo a ser locación del sweet baby y bajar, sí bajamos, pero subir lo hacemos por ascensor y especialmente subimos de peso, de cadera, de celulitis, etc). A fin de cuentas, acarreamos al baby dentro nuestro pa´donde se nos ocurra.

En este momento es crucial ponerlas al tanto del cambio radical que sufrirán. Pero hay algo que he notado en cada charla, en cada intento de iluminarlas. Es la negación. Negación total y absoluta de reconocer lo inevitable, de asumir el cambio y de prepararse para tal evento.

Los sweet baby, con sus grandes ojos, sus boquitas pequeñas, sus manitas diminutas crean un efecto que pacha mama ha cuidado con recelo desde que puso la primera especie mamífera en esta tierra. Una característica que nos une a nuestras congéneres de otras especies. Nos activan una hormona (oxcitocina) que permite fluir el instinto del cuidado, la dedicación y la producción del elixir que sostendrá la vida de nuestras crías.... Y además nos hace negar la realidad de nuestra próxima, incipiente y perpetua histeria.

Algunas primerizas me han tachado de mala onda, de envidiosa y rencorosa. Y yo, por mis adentros sólo muevo la cabeza de un lado al otro ante lo incomprendido de mi mensaje. No es por tirar abajo esas nueve lunas que nos acompañan, ni por desprestigiar la magia de la llegada del pequeño vástago. Ni echar por tierra la diosa sexual que en algunas genera el simple hecho de estar gestando vida. No, no, no. Es simplemente el intento por prepararlas para esta nueva etapa en la que, de la noche a la mañana, ya no podés ir al baño por más de dos minutos seguidos sin escuchar el llanto del neonato, en la que tus tetas al doble de su tamaño duelen con singular sensibilidad ante el roce de cualquier tela, o los pezones agrietados, o los puntos de la episiotomía, o las horas de desvelo, o las salidas cargadas de cuatrocientas mil enseres innecesarios en el porta bebe, o la presión por bañar a tu baby cómo tu quieres y no como dice la suegra!!!

Las primerizas son fáciles de reconocer. Ante todo niegan con vehemencia la posibilidad de volverse histéricas. Y el resultado es que un año mas tarde o antes, descubren con dolor que no todo en la maternidad es color de rosa. Y es tanta la depresión que se olvidan que tanta histeria, tanta batalla, tanto sacrificio tiene la mejor de las recompensas cuando los vástagos nos miran, sonríen y llaman mamá.

Por eso creo que si todas reconciéramos que desde el principio somos madres e histéricas la vida materna, el rol, el trabajo, la concepción de esta otra faceta en la vida de las mujeres es así desde el inicio, lograríamos reírnos más de nosotras mismas y nuestras propias expectativas. Y por sobre todo seríamos más concientes de lo que en verdad podemos esperar de este rol.

Porque de chica superpoderosa, que todo lo puede, yo no tengo ni una pizca. ¿Y vos?